Y ahora, algo de mi misma, escrito a un buen amigo.
Aunque nuestra amistad se acabara ahora mismo (que espero que eso no ocurra nunca) yo habría sacado mucho de esto. Después de un letargo invernal, después de un dolor de esos que te obligan a vivir con el alma rota, después de una operación psicológicamente más traumática de lo que los demás creen (yo soy fuerte a ojos de todos), me siento renacer de nuevo. Siento la sangre correr de nuevo por mis venas, vuelvo a tener lágrimas (una maravilla cuando mis ojos se habían secado), vuelvo a sentir el deseo, el erotismo, la sensualidad que emana de todos los poros de mi piel (eso también se había secado), vuelvo a hacer las cosas dejando un rastro de mi misma en cada una de ellas (y no me da miedo hacerlo). VUELVO A ESTAR VIVA. Quizás todavía tenga cajitas en las que me reservo, pero yo me siento de nuevo en el mundo de los sentidos, que es el único que conozco. Y de alguna manera, quizás sin pretenderlo, fueite tú quien activaste el resorte para que eso ocurriera. Seguramente te necesito cerca para no cerrarme de nuevo, para no dejarme a un lado, para no anular esas cosas que me desbordan. Pero sólo quiero que estés si tú también sacas algo de esto. Si no es así, no lo quiero.
Ayer leí esta frase. He de confesar que me impresionó. Nunca me había planteado algo así, a pesar de ser una frase que he escuchado en algunas canciones, como una de Silvio Rodriguez que dice “yo no se lo que es el destino, caminando fui lo que fui, allá Dios que será divino, yo me muero como viví, yo me muero como viví". Vivir de acuerdo con uno mismo, con los propios deseos, siendo lo más sincero que se pueda delante del espejo. Que en tu último suspiro puedas decir "yo me muero como viví".